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jueves, 3 de enero de 2019

ENTRENAMIENTO BAJO LA SOMBRA DEL ANONIMATO



Un grupo de granjeros productores de algodón se prepararon para una nueva época de sembríos y cosechas. Las cosas iban bien al principio, sin embargo; inesperadamente sus cosechas fueron invadidas por una devastadora plaga de gorgojos. Los granjeros que  habían puesto no solo sus ahorros sino todas sus esperanzas  en el cultivo de algodón; vieron desvanecer sus ilusiones y se imaginaron que solo terminarían en la ruina total.
Resueltos e ingeniosos, aquellos granjeros se dijeron: «Bueno, ya que no podemos sembrar algodón, sembraremos maní». Para sorpresa de estos granjeros, la siembra de maní les produjo más ganancia que jamás hubieran obtenido con la siembra del algodón.
Lo que hicieron luego los granjeros fue levantar un monumento en el honor al gorgojo. Lo hicieron con el fin de recordar que lo que aparentemente parecía arruinarles la vida, terminó convirtiéndose  en una bendición.
Cuando Dios trata con sus hijos, ocasionalmente (sino es frecuente) nos saca de la embaucadora rutina en la que estamos sumergidos para encontrar nuevas formas de vivir. Un revés económico, una enfermedad física, un despido laboral, un abandono o cualquier otro tipo de dificultad; puede convertirnos en mejores labradores de  nuestras almas. «Lo mejor que nos ha ocurrido a algunos de nosotros, ha sido la llegada de nuestro propio gorgojo».[1]
Para el profeta Elías, la llegada de su propio gorgojo ocurrió luego de haber entregado al rey Acab un mensaje de parte de Dios (1Reyes 17.1). Para nuestro gusto, lo mejor hubiera sido que el rudo profeta se quedara en el palacio para aguijonear al malvado rey; pues no había otro como Elías para confrontar la conducta idolátrica de Acab. Sin embargo (como suele ocurrir), Dios cambió los planes y le dijo a Elías:
Apártate de aquí, y vuelve al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit,…Beberás  del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit… (1Reyes 17.3-5 RV60).
 La razón para que Dios enviara a Elías a esconderse era doble: Protegerlo del malvado rey y capacitarlo para ser su vocero. Y para lograrlo, Dios, envió al profeta a refugiarse junto a un arroyo, lejos del bullicio y del ruido de  la popularidad.
¡Qué maneras raras tiene Dios de preparar a sus siervos! A nosotros nos encanta la notoriedad, la atención pública, el glamour que produce la admiración y los aplausos; pero cuando se trata de formarnos para el ministerio, estas cosas no aportan mucho para preparar el corazón de un fiel vocero de Dios.  «Dios mudó a Elías del palacio al escondite que había escogido; del foro público al refugio privado; de la luz de la actividad a las sombras de la oscuridad». [2] 
Bajo la sombra del anonimato, Elías aprendió el curso más básico y esencial que todo cristiano debe aprender para desarrollar un ministerio fructífero: Dependencia de Dios. Sin duda alguna, Elías aprendió a depender de Dios en aquel solitario arroyo. El profeta fue testigo del cuidado de Dios sobre su vida: «Y los cuervos, le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde y bebía del arroyo» (1Reyes 17.6).
Si usted quiere ser usado por Dios en el ministerio no debe sorprenderse ni menos oponerse a que Dios le coloque en medios de circunstancias solitarias y anónimas.  Allí aprenderá a deshacerse de la autosuficiencia, del orgullo y de algunos viejos y malos hábitos arraigados en su vida. Dios lo alejará del bullicio y la notoriedad pública para que deje de apoyarse en sus habilidades o en aquellas cosas y personas a las cuales habitualmente se ha aferrado. Lo hará para que aprenda a depender solo de Él.  





[1] Vance Havner, citado por Charles Swindoll en, Elías, un hombre de heroísmo y humildad (Alabama Street, El Paso, TX.: Editorial Mundo Hispano, 2011), 51.
[2] Ibid, 39.

miércoles, 10 de octubre de 2018

LA CUSTODIA DEL CORAZÓN



Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida. Proverbios 4.23 (RV60)

Zig Ziglar cuenta que dos hermanos adolescentes tenían un pedido que hacerle a su padre, pues deseaban ver una película popular. Había algunos elementos en la película que ameritaban que estuviera incluida en una categoría no apta para todo público. Pero los muchachos creían que esas cosas negativas se compensaban con la importancia de la historia y  la calidad de los actores. Le rogaron a  su padre que flexibilizara sus estándares por una vez. Entonces lo prometió que lo pensaría.
A la noche siguiente los tres se sentaron para discutir la película y el padre trajo una bandeja con unos pasteles de chocolate. ¿Saben? –Les dijo-, siempre usamos los mejores ingredientes para hornear los pasteles: los huevos, el chocolate, la harina, la leche y las nueces. Sírvanse todo lo que quieran, pero tengo que decirles que esta vez flexibilicé un poco mis estándares e incorporé (muy poco en realidad) estiércol de perro. Pero no dejen  de probarlo por eso. Sírvanse. Por supuesto que nadie toco los pasteles.[1] Aunque la cantidad de estiércol era muy reducida, causó el rechazo total de aquel pastel y nadie se atrevió  llevar a la boca siquiera un pedazo de ella.
Imagínese lo que sucedería  si le prestáramos atención a cada alimento que digiere nuestra mente. «La mente es un órgano hambriento y tomará cualquier cosa que le demos.»[2]. Por esa razón Salomón dijo: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida». Proverbios 4.23.
 El verbo guardar de este pasaje deriva del verbo hebreo natzar. Literalmente describe la actividad de un guardia en una torre de vigilancia cuya tarea es observar continuamente el horizonte para avisar en caso de que vea ejércitos enemigos.[3]  Nuestra responsabilidad es custodiarla diligentemente  ante la sutil entrada de cualquier cosa que la ponga en peligro. 
Si bajamos la guardia y flexibilizamos los estándares dando licencia para que ciertos programas de Tv., películas, lecturas o imágenes inmorales ingresen por las puertas de nuestra mente; no pasará mucho tiempo para que nuestros corazones queden atrapados en la inmundicia y esclavitud de aquellas cosas que un día  detestábamos. El hecho que una película o programa de Tv., no califique en la categoría de "pornográfico", no significa que no contenga cuadros o fases que atenten contra la moral y que no tengamos que estar alerta a ello y rechazarla.
He tomado prestada las palabras de Zig Ziglar para culminar el presente escrito. Por favor léalas y reflexione junto conmigo: «La mente es un órgano hambriento y tomará cualquier cosa que le demos. Necesitamos darle el alimento que Dios quiere para que prospere. No se puede arrojar basura a un pozo de agua y esperar que este sea potable. No se puede alimentar la mente de basura inmoral y esperar que la vida sea buena, limpia, pura poderosa y motivada»[4].



[1] Zig Ziglar, ¡Más que bien! (Miami, Florida: Editorial Vida, 2007), 65.

[2] Ibid.

[3] Charles Swindoll, Viviendo los Proverbios (Alabama, El Paso Tex: Editorial Mundo Hispano), 56.

[4] Ziglar, 66.

martes, 9 de octubre de 2018

CUANDO LOS DÉBILES SON LA ATRACCIÓN DEL MÁS GRANDE



Pero Dios prefirió usar a los débiles de este mundo para avergonzar a los sabios, y prefirió usar a los débiles de este  mundo para avergonzar a los poderosos.
Dios prefirió lo que el mundo cree que no es importante, lo que desprecia y lo que no significa nada. Prefirió todo eso para destruir lo que el mundo cree es importante.  1 Corintios 27,28. (PDT)

Ana es una chica que vive con su madre y sus dos hermanos. La rutina de sus días consiste en acompañar a su madre al trabajo,  luego tomar el camino con rumbo a la escuela; y  finalmente volver a casa. Como muchas personas, Ana, sonríe todo el día como si no pasara nada. Sonríe para fingir que todo está bien.
La pesadilla para Ana comienza al llegar la noche. Es allí cuando Ana se encuentra con su verdadero yo. En la oscuridad de su habitación mientras las luces se apagan y la sonrisa se desvanece, el llanto de la insignificancia se manifiesta abruptamente. Como frágil cristal que se rompe, Ana se quiebra recordando cada palabra fútil que han lanzado sobre ella  durante las horas del día: «No sirves para nada».  «Inútil». «Tonta». « Estúpida». «Bruta»…
Intentando aliviar el dolor que le causa la insignificancia,  Ana ha intentado todo tipo de tortura y no para de hacerse daño. Sus estrategias de autotortura van desde provocarse vómitos hasta cortarse las piernas y los brazos. «Es tanto el dolor  acumulado por sentirme insignificante que por algún lugar tiene que salir» ‒ dice Ana, mientras  zanja una de sus extremidades.
Ana, al igual que miles de personas está cansada de los insultos y de la insignificancia con la que es tratada. El mundo está lleno de gente como Ana que sonríe solo  para intentar hacer creer que todo está bien. El dolor de su insignificancia es tan grande que piensan que nadie puede ayudarles  porque nadie se imagina el dolor que llevan.
¿Pueden personas como Ana encontrar una salida a una existencia succionada por una sociedad cruel que valora lo fuerte y desprecia lo débil?  ¿Hay esperanza para aquellos que se sienten marginados e insignificantes en medio de un mundo que aprecia el glamour y subestima la sencillez?
Seguro que sí. El dolor de los insignificantes puede haber pasado por alto por tantas personas, pero menos por Dios. A lo largo de la historia Él ha tomado la vida de los despreciados de este mundo y los ha usado para cosas extraordinarias. Dios es especialista tomando lo ordinario para hacer algo extraordinario:
·    Tomó el polvo para crear al hombre
·     Usó a un joven esclavo como José, para colocarlo luego en el palacio.
·     Usó a Rahab, una prostituta para ayudar a Israel en la conquista (además se convirtió en pariente ancestral del Mesías).
·     Usó a aun pastor de ovejas como David para ponerlo como rey.
·   Usó a una muchacha campesina para ser la madre de Jesús y a un sencillo carpintero para ser su padre.
·     Usó un establo y no el mejor  hospital de Jerusalén para que Jesús naciera
·     Usó una pequeña aldea como Belén para ser el lugar de nacimiento del Rey de reyes.

La Biblia es la historia de Dios tomando a personas comunes y corrientes como usted y como yo, para darle el valor y la significancia que el mundo no ha logrado darnos.  
La próxima vez que te sientas insignificante, recuerda que la insignificancia es la materia prima que Dios usa para hacer cosas extraordinarias. Recuerda que… «…Dios prefirió usar a los débiles de este mundo para avergonzar a los sabios, y prefirió usar a los débiles de este  mundo para avergonzar a los poderosos. Dios prefirió lo que el mundo cree que no es importante, lo que desprecia y lo que no significa nada. Prefirió todo eso para destruir lo que el mundo cree es importante».  1 Corintios 27,28. (PDT).


viernes, 5 de octubre de 2018

PEQUEÑA PERO PELIGROSA: Debemos controlar nuestra lengua porque las palabras manifiestan nuestro grado de madurez

 Es cierto que todos cometemos muchos errores. Pues, si pudiéramos dominar la lengua, seríamos perfectos, capaces de controlarnos en todo sentido.
Podemos hacer que un caballo vaya adonde queramos si le ponemos un pequeño freno en la boca.
También un pequeño timón hace que un enorme barco gire adonde desee el capitán, por fuertes que sean los vientos
Santiago 3.2-4(NTV)


La vida puede ser menos complicada si aprendiéramos a callar la boca. Nuestro hogar sería un lugar más pacífico, nuestras relaciones serían más saludables, probablemente tendríamos más amigos que enemigos; sin tan solo aprendiéramos a controlar nuestras lenguas. Quizás tenga razón quien dijera «el perro tiene más amigos que  una personas porque mueve más la cola que la lengua».
Ejercer control sobre nuestras palabras es muestra de dominio propio, y sobretodo es muestra de madurez espiritual.  Santiago escribió diciendo: «…si pudiéramos dominar la lengua, seríamos perfectos, capaces de controlarnos en todo sentido» Santiago 3.2 (NTV). Aquí el hombre perfecto no es el hombre sin pecado sino aquél que ha alcanzado la madurez espiritual, alguien que habla la verdad en amor, que no está murmurando ni juzgando a los demás. Para Santiago el hecho de ejercer dominio sobre nuestras palabras es propio de los creyentes maduros.
Para ilustrar su idea sobre el control de las palabras, Santiago usó dos metáforas: la del freno de los caballos y la del timón del barco. Un freno relativamente pequeño controla a un animal grande. Entonces, si el hombre controla poderosos caballos con pequeños frenos colocados en sus bocas, ciertamente debe poder controlar su propia lengua. El timón es una parte muy pequeña del barco,  sin embargo es el instrumento por el cual el piloto marca el curso que tiene en mente. Observe que no es el fuerte viento sino el piloto quien determina la dirección del barco. El contraste se marca entre la pequeñez del timón y el inmenso tamaño de la nave. Entonces, si el hombre es capaz de dirigir el curso de naves oceánicas con un timón, ciertamente debería ser capaz de controlar su propia lengua.
Tropezamos más seguido con la lengua que con nuestros pies. Esto ocurre con usted y conmigo. He aprendido con el paso de tiempo que mis palabras desenfrenadas pueden causar dolor y oscuridad a las personas que me rodean, especialmente dolor sobre las personas que más me aman; pero también he aprendido que al ejercer dominio sobre mis palabras puedo generar una atmósfera más agradable en mi hogar. No intento defender una manera trapense de vivir en la que la conversación esté prohibida (tampoco esa fue la intención de Santiago), lo que se intenta proponer es que mantengamos a raya la lengua. Si podemos controlar la lengua, tenemos el resto del cuerpo a nuestras órdenes; y si no podemos controlar la lengua, todo lo demás de la vida irá por mal camino.
¿Controla usted sus palabras? ¿Da dirección a sus palabras?  ¿Tiene usted dominio sobre ellas? Se dice que Federico el Grande de Prusia paseaba por las inmediaciones de Berlín cuando se encontró con un anciano que iba en dirección opuesta. « ¿Quién eres?», pregunto el rey. «Soy un rey», replicó el anciano. «¡Un rey!», se rio Federico. «Y sobre que reino reinas» «Sobre mí mismo», respondió con firmeza el anciano. Podemos adquirir dominio sobre nosotros mismos si aprendemos a ejercer control sobre nuestras palabras.  
La importancia de controlar nuestras palabras es que nos ayuda a alcanzar madurez espiritual.


jueves, 27 de septiembre de 2018

VIVIENDO LA VIDA AL MÁXIMO: PON ATENCIÓN A TUS DEBILIDADES


«Ten cuidado de ti mismo…» 1 Timoteo 4.16. 

Se dice que cuando Aquiles nació, su madre intentó hacerlo inmortal sumergiéndolo en las mágicas aguas del río Estigia. La mujer tomó al niño y lo sumergió sosteniéndolo  por el talón derecho, por lo que ese preciso punto de su cuerpo quedó vulnerable; siendo la única zona en la que Aquiles podía ser herido en batalla. Durante el asedio de Troya, batalla final de la guerra librada entre griegos y troyanos, Paris mató a Aquiles clavándole una flecha envenenada en el talón. De allí que la expresión «talón de Aquiles» se utiliza con frecuencia para explicar el punto vulnerable que toda persona posee.
Ningún ser humano que arroje su sombra sobre este mundo está exento de una o más debilidades. Todos tenemos un talón de Aquiles, puntos vulnerables de nuestra persona,  los cuales pueden arruinar nuestra existencia si  no les prestamos la debida atención.  
Hemos dicho anteriormente que para vivir una vida al máximo debemos cuidar nuestra mente de pensamientos negativos y debemos cuidar nuestra actitud. La tercera recomendación, implica poner atención a nuestras debilidades y tomar las defensas convenientes para evitar futuros lamentos o desagracias. Uno de los personajes bíblicos que desatendió sus puntos vulnerables y llenó de oscuridad su vida, fue Sansón.
Sansón «era un hombre fuerte con una gran debilidad»[1] Tenía las circunstancias favorables para hacer de su vida una obra magistral. Nació en un hogar devoto. Dios lo dotó  de una fuerza extraordinaria y había sido designado divinamente para salvar a su pueblo de sus enemigos. Además de ello, el Espíritu de Dios estaba sobre este hombre. Tenía todas las de ganar. Las circunstancias le asistían para vivir una vida al máximo. Sin embargo, cuando  leemos el relato bíblico de su vida, observamos  que su historia es un espiral descendente, va de mal en peor. Su primera mención en el panorama bíblico siendo ya un hombre, nos revela un punto vulnerable en su carácter. Era dueño de una insidiosa lujuria, la misma que descuidó y le causó el fatal ocaso de su vida.  Los impulsos apasionados de su lujuria llevaron al fornido hombre israelita a fijarse solo en la apariencia física de cada mujer que conocía. Nunca consideró el carácter de las mujeres que tomó. Al parecer solo quería alimentar sus libidinosos apetitos sexuales, sin considerar la clase de mujer que estas eran.
Cuando Sansón conoció a Dalila, «…finalmente encontró la horna de su zapato. El engañador fue engañado; el seductor, seducido…Ella se aprovechó de él, y lo sedujo para que le dijera todo lo que tenía en su corazón (Jueces 16.18)…»[2] Cuando Sansón reveló su secreto, sus enemigos cayeron encima de él y le sacaron los OJOS; aquellas puertas externas de su punto vulnerable, de su talón de Aquiles. La  lujuria llevó a Sansón a coquetear reiteradamente con el desastre, hasta quedar atrapado y devastado
Como le dije anteriormente: Ningún ser humano que arroje su sombra sobre este mundo está exento de una o más debilidades. Todos luchamos con uno o dos pecados del corazón los cuales son distintivos de nuestra naturaleza caída¸ y aunque teóricamente somos vulnerables a todos los pecados; generalmente, existe uno o dos pecados del corazón que constantemente nos asedian y nos vuelven vulnerables. Para Sansón  fue la lujuria ¿Cuáles son los suyos?  ¿Los ha identificado? ¿Qué hace con sus puntos vulnerables? Permítame darle dos recomendaciones útiles y prácticas con respecto a ello:
1.      Identifíquelos y protéjalos supervisándolos y colocando sobre ellos límites.
2.      Ore pidiéndole a Dios que proteja aquellos puntos vulnerables de su carácter.  
Quizás en este instante usted reconoce que sus debilidades le están arrastrando hacia el ocaso. Por qué no hace una oración ahora. Ore conmigo: «Oh Dios, reconozco que soy tan débil y que estoy cerca del precipicio. Dame la fortaleza que necesito ahora mismo para hacer un alto a esta caótica situación. Ayúdame a tomar altura quiero vivir una vida al máximo...Vivir una vida que glorifique tu nombre. Amén».



[1] Charles Swindoll, Como vivir sobre el nivel de la mediocridad (Miami, Florida: Editorial Vida), 289.
[2] John maxwell, Los 21 minutos más poderoso en el día de un líder (Nashville, TN: editorial Caribe, 2001), 104.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

VIVIENDO TU VIDA AL MÁXIMO: CUIDA TU ACTITUD


…he aprendido a contentarme, cualquier que sea mi situación.
Se vivir humildemente, y se tener en abundancia;
En todo y por todo estoy enseñado,
Así para estar saciado como para tener hambre,
Así para tener abundancia como para pasar necesidad.
 Filipenses 4.11-12 (RV60)

El autor de las palabras que encabezan el devocional de hoy fue el apóstol Pablo. Las circunstancias para el insigne escritor del Nuevo Testamento no siempre fueron cómodas. A veces estaba en la cúspide, otras veces en la sombra de la vida. En ocasiones aplaudido y con muchas aclamaciones, en otras apedreado. Rodeado de amistades en ciertos momentos, olvidado en una maloliente celda en otros.  Sin embargo, aprendió a estar contento con todo tipo de situación. Para el apóstol Pablo la palabra contento significaba «estar satisfecho con la situación sin  desear cambio o mejora». Cuando el apóstol dice he aprendido, está haciendo énfasis que el contentamiento no es un estado automático. No es una emoción que fluye natural y espontáneamente de nuestro interior y de las circunstancias en las que nos encontramos. Por lo tanto; para poder estar siempre gozosos, tenemos que aprender a estar contentos. Aunque Pablo no pudo elegir que todos sus días fueran maravilloso, si supo elegir una actitud correcta para sus días y su vida.
Si deseamos vivir a plenitud la vida que Dios nos da, tenemos que aprender a manejar nuestra actitud. Especialmente saber elegir una buena actitud cuando las circunstancias nos son adversas.
  Leí una divertida anécdota del fallecido expresidente norteamericano, Abraham  Lincoln, que muestra la relación entre nuestras decisiones y su efecto sobre quienes somos.
Un consejero de Lincoln le recomendó a una persona para un cargo en su gabinete, pero Lincoln rechazó la sugerencia.
—No me gusta la cara de ese hombre—dijo.
—Pero, señor—dijo el consejero—él no puede ser responsable por su cara.
—Todo hombre de más de cuarenta años es responsable por su cara—fue la respuesta de Lincoln.
Lo que usted es y cómo piensa se puede reflejar  en su rostro. Cuando se mira al espejo y ve una expresión amarga, está viendo la expresión externa de su actitud; por lo tanto: si usted tiene más de 12 años usted es  responsable de su cara y no su papá (jajaja). Elija una buena actitud. Si está pasando por un mal momento, tenga presente que «malo» es el momento, no usted y tampoco Dios.

   Lea las siguientes líneas y medite en cada pensamiento, luego pídale a Dios en oración que le ayuda a elegir una buena actitud para el día.  
   
No podemos escoger cuántos años vivir, pero podemos escoger cuánta vida tendrán esos años.
No podemos controlar la belleza de nuestra cara, pero podemos controlar la expresión de ella.
No podemos controlar los momentos difíciles de la vida, pero podemos decidir hacerla menos difícil.
No podemos controlar la atmósfera negativa del mundo, pero podemos controlar la atmósfera de nuestras mentes.

Muy  a menudo tratamos de escoger y controlar las cosas que no podemos.
Muy rara vez decidimos controlar lo que podemos…nuestra actitud.


martes, 28 de agosto de 2018

¡Tome riesgos, no hay otra salida!



Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano; porque no sabes cuál es lo mejor, si esto o aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno.
Eclesiastés 11.6
«Hay sólo un gran riesgo que se debe evitar a toda costa, y es el riesgo de no hacer nada», dijo Denis Waitley. No es común encontrar en la vida personas decididas a arriesgar. Con frecuencia conocemos gente más preocupada por seguir la corriente y rindiéndose ante la adversidad, que hallar personas audaces bregando ante el viento recio y tomando algunos riesgos ante las dificultades.
Sin embargo, aunque no lo admitamos, vivir en este mundo ya es un riesgo. Decía John Maxwell: «La realidad es que todo en la vida tiene sus riesgos. Si usted quiere evitarse los riesgos, entonces no haga nada de lo que apunto a continuación:
·         No conduzca un automóvil. Son la causa del veinte por ciento de los accidentes fatales.
·         No viaje ni por aire, ni por tren, ni por agua. El dieciséis por ciento de todos los accidentes ocurren en esta actividad.
·         No camine por la calle. El quince por ciento de todos los accidentes ocurren allí.
·         No permanezca en su casa. El diecisiete por ciento de todos los accidentes ocurren en la casa.» [1]
Como verá, nos exponemos al peligro casi de una manera cotidiana, y aun así debemos continuar viviendo.
Exactamente no sé en qué punto situacional se encuentra en este momento en la vida. De pronto los vientos huracanados de la adversidad  están golpeando su existencia y exigiendo de usted una decisión riesgosa.  La tensión se ha apoderado de sus nervios y no sabe qué dirección tomar y piensa que lo que quiere hacer es demasiado riesgoso. ¿Cómo hacer ante tal disyuntiva? Usted tiene que elegir entre no hacer nada o arriesgarse por hacer algo diferente y quizás difícil. Amelia Earhart lo creía así, y su consejo cuando se enfrentó a los riesgos fue sencillo y directo: «Decide si lo que quieres lograr es digno de los riesgos que puedes correr. Si la respuesta es positiva, deja de preocuparte». Yo le diría algo más: «Decide si lo que quieres lograr es digno de los riesgos que puedes correr. Si la respuesta es positiva, CONFÍA  EN DIOS y deja de preocuparte».
Esperar las circunstancias cómodas de la vida para tomar decisiones no es una buena estrategia para salir del dilema en que vivimos. Recuerde el principio de Dios ante la incertidumbre y riesgos de la vida: «Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano; porque no sabes cuál es lo mejor, si esto o aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno». Eclesiastés 11.6.  Charles Swindoll dijo:
No podemos esperar que las condiciones sean perfectas. Tampoco podemos esperar a que las cosas estén libres de riesgos: absolutamente libres, absolutamente seguras. En lugar de protegernos a nosotros mismos, tenemos que libertarnos nosotros mismos. En lugar de acaparar, debemos dar e invertir. En lugar de dejar llevarnos por la corriente, debemos buscar la vida. En lugar de dudar, debemos confiar con valentía.[2]
Observe los siguientes casos y mientras lo hace, colme de inspiración su corazón  y siga sus ejemplos (espero realmente que ello suceda). Son prototipos de personas que ante la adversidad decidieron intrépidamente arriesgarse y confiar en Dios.   
… Una mujer que a pesar de ser abandonada por el marido, tomó la firme decisión de salir adelante y trabajar por sus cuatro hijos.
…La joven que decidió tener el bebé aun cuando la mayoría le sugería a abortar.   
…El  hombre que abandona las drogas y le da su corazón a Jesús para luego convertirse en apasionado predicador.  
…La esposa que renuncia a su sueño personal para abrazar el llamado de un esposo que decidió ser pastor.
…La señorita que decidió enfocarse en sus estudios universitarios  y postergar temporalmente una relación amorosa, solo para obtener su grado de bachiller.
…La joven que se toma el valor de confesarle a su padre que lo suyo no es la abogacía, sino la carrera musical.
…Y como esta gente arriesgó, Dios no los abandonó.
¡Haga usted lo mismo! ¡Tome riesgos, no hay otra salida!





[1] John Maxwell.
[2] Charles Swindoll, Sabiduría para el camino (Nashville, Tennessee: Grupo Nelson, 2008), 62.

jueves, 29 de enero de 2015

COMO DESARROLLAR UNA PERSONALIDAD GANADORA


¿Qué tan importante es nuestra personalidad al momento de desempeñarnos en nuestras labores? Creer que el éxito en el mundo laboral y empresarial solo depende de nuestras habilidades y del producto que ofrecemos es una equivocación. Expertos en el mundo de los negocios como Brian Tracy,  han llegado a concluir que en «el campo de las ventas, la personalidad es más importante que el conocimiento que se tiene del producto…su personalidad determina el ochenta por ciento de su éxito como vendedor».[1]
A través del tiempo he podido observar que algunas personas exitosas por medio de una vida cargada de compromiso y de pasión han superado su carencia de habilidad y de preparación académica. Por otro lado he visto como muchas personas talentosas dotadas de enormes capacidades han podo logar muy poco en la vida a razón de que carecían del temperamento apropiado para lograr sus metas.
Quien quiera alcanzar el éxito en la vida, ha de entender que el éxito comienza en el corazón, es decir en el mundo de nuestros pensamientos. El sabio rey salomón filosofando dijo: «El corazón del hombre traza su rumbo»[2] la palabra bíblica corazón se usa a menudo en un sentido psicológico como el centro o foco de la vida personal interior. El corazón es la fuente o manantial de las motivaciones, el asiento de las pasiones, el centro de los procesos del pensamiento, el resorte de la consciencia. Salomón entendió hace mucho tiempo atrás,  lo que muchos ignoramos hoy: que el éxito o el fracaso de las personas tienen su origen en la personalidad, es decir; en nuestro mundo interior.

Permítame compartirle algunas pautas que le ayudarán a desarrollar  una personalidad  ganadora en el mundo laboral que está sumergido:

1.      DESARROLLE UN NIVEL ALTO DE AUTOCONFIANZA Y AUTOESTIMA.
La autoconfianza se define como un crecimiento natural de la manera en que usted se agrada y respeta a sí mismo. Mientras mejor imagen tenga de sí mismo, más confianza tendrá a la hora de desenvolverse en su trabajo. Recuerde también que mientras más se agrade usted a sí mismo, más le agradarán los demás. Mientras más confianza tengan los clientes en usted, más probabilidades habrán de hacer negocios con su persona y con la empresa a quien representa.

2.      ASUMA LA RESPONSABILIDAD DE SU VIDA
Usted es el presidente de su propia corporación empresarial, y vende sus servicios en el mercado al precio más alto posible. Solo que es una empresa de un solo empleado: USTED. Su trabajo es vender las mayor calidad de sus servicios a todo lo largo de su vida laboral. Los más grandes hombres de negocios aceptan el ciento por ciento de la responsabilidad  por sí mismos y por todo lo que hacen. Los triunfadores de alta estirpe dicen: “si no lo logro, ¡es mi responsabilidad!”

3.      CONSIDERE LA EMPRESA EN LA QUE TRABAJA COMO SI FUERA SU PROPIA COMPAÑÍA.
Condúcete en la empresa donde laboras como si la compañía te perteneciera. Toma personalmente todo lo que sucede en la empresa como si fueras el propietario del ciento por ciento de las acciones.

4.      CONSIDÉRESE EL JEFE DE LA EMPRESA. Como presidente de su propia corporación usted está ciento por ciento a cargo de todo lo que suceda en su negocio. Usted decide sobre su entrenamiento, su desarrollo y el constante mejoramiento de sus habilidades. Está al control de las ventas y del mercadeo, de la producción y de la inspección de calidad, y la eficiencia personales. Usted es el jefe.

5.      APRENDA ACTIVAMENTE
Cada habilidad que aprendes es una inversión en tu propio futuro. Considera que tu actual estado financiero, emocional y también espiritual es fruto de las decisiones que has tomado y de las acciones que renunciaste a hacer. Muchos profesionales y trabajadores luego que comenzaron a trabajar subestimaron mejorar sus habilidades sin percatarse que el aprendizaje y la adquisición de nuevas habilidades tienen un impacto profundo en su futuro.

6.      DETERMINE ESTAR EN EL GRUPO DE GANADORES
Los ganadores a diferencia de los perdedores, asumen la responsabilidad de sus actos. Mientras que los perdedores siempre tienen alguna explicación o justificación para su pobre desempeño. También los ganadores son personas orientadas a la solución de problemas, mientras que los perdedores sufren de la enfermedad de la excusitis.

7.      PROPÓNGASE SER EXITOSO Y PAGUE EL PRECIO POR ELLO
Define lo que quieres logar en la vida y luego esfuérzate  por alcanzarlo. A H. L. Hunt, propietario de más de doscientas compañías y que fuera en cierto momento el hombre más rico del mundo, le preguntaron cuál era el secreto del éxito. Lee su repuesta:

He comenzado y edificado cientos de compañías. En cincuenta años de experiencia he encontrado que solo se necesitan dos cosas para triunfar. Primero, decidir exactamente lo que uno quiere…y segundo, determinar el precio que tendremos que pagar para lograr lo que queremos. Y entonces, decidirnos a pagarlo…[3]




[1] Brian Tracy. El Arte De Cerrar La Venta p. 1
[2] Proverbios 16.9
[3] B. Tracy,  Op, cite, p.9